ANDRÉS MARTÍNEZ DE LEÓN      
    1895 - Fundación Martínez de León - 1978

Martínez de León, la Generación del 27 que ilustró la Semana Santa


Por Manuel Jesús Roldán

Publicado en ABC, 25/05/2015


El Amigo del Nazareno, por Andrés Martínez de León


Catalogar a Andrés Martínez de León (Coria del Río 1895- Madrid, 1978) como miembro de una generación artística es una simplificación que limita la enorme creación de un pintor e ilustrador que en su vida y en su obra puede simbolizar todo un siglo de la Historia de España. Se puede comprobar en la exposición en estos días se expone en el Ayuntamiento de Sevilla, que con el título “La ilustración literaria (y un eco contemporáneo” homenaje y reivindica a uno de los mejores intérpretes de la Sevilla del siglo XX. 


De origen humilde, Martínez de León, vivió desde niño en Sevilla, primero en una huerta de los Remedios y, posteriormente, en la calle Pureza. Su primer contacto con la pintura llegó en los salones del convento de los Remedios, donde conoció las creaciones de los afamados Ignacio Zuloaga o Gonzalo Bilbao. Formado en  la Escuela de Artes y Oficios y Bellas Artes, situada en la Plaza del Museo de Sevilla, en 1915 expuso por primera vez, publicando sus primeras ilustraciones en la revista “Sevilla y Sus Fiestas de Primavera”, donde repetiría al siguiente año. En 1918 comenzó su amplísima colaboración con la prensa local y nacional, realizando viñetas e ilustraciones donde compaginaba un excepcional trazo suelto, una caracterización precisa, una excepcional capacidad de síntesis y un exquisito sentido del humor que se mostraría en las páginas de “El Liberal”, “El Correo de Andalucía”,  “El Noticiero Sevillano” “La Unión”,  “ABC” “El Debate” “Heraldo de Madrid”, “La Voz y “El Sol”. A los primeros trazos de sus “monos” se unió desde 1918 su popular personaje “Oselito”, que prácticamente se unió a figura del propio Martínez de León.













Sevilla se preparaba para la Exposición Iberoamericana, se reinventaba bajo la estética del Regionalismo, aglutinaba los primeros ecos del movimiento obrero y concentraba a la vanguardias literarias de la época. Tras su boda en 1925, en la trianera parroquia de Santa Ana,  en 1926 Martínez de León publicaba su primer libro, “Historietas Sevillanas”, siendo autor de sus textos y de sus ilustraciones, una faena que repetiría en 1931 con la publicación de “Los Amigos de Toro o la Parte Sana de la Afición, Reglamento Taurino en XXX Capítulos”, prologado por el célebre crítico Gregorio Corrochano, con el que ya había colaborado en algunas crónicas del diario ABC de Madrid en 1923.

 

Sorprende conocer el listado de autores cuyos textos fueron ilustrados por Martínez de León, José Andrés Vázquez Benito Mas y Prat, Manuel Chaves Nogales, José Muñóz San Román, José Mas, Pedro Garfias, Gregorio Corrochano, Blas Infante, Alejandro Pérez Lugin, Armando Palacios Valdés, José Manuel Caballero Bonald, Edmundo González Acebal,  José María de Cossío, Adriano del Valle… Un sorprendente elenco que se podría completar, por citar un ejemplo, con la mítica foto de la Feria de 1935, en la que Martínez de León comparte mesa con Federico García Lorca, Jorge Guillén, Manuel Chaves Nogales,  Joaquín Romero Murube, Antonio Núñez de Herrera, José Montoto, Manuel Sánchez del Arco, o Fernando Risquet.  En el invierno de ese mismo año viajó a la URSS como enviado del diario “La Voz” para cubrir los actos del XXXIII aniversario de la Revolución Rusa. Tiempo de auténtico periodismo internacional (por los mismos años Chaves Nogales recorre Europa haciendo brillantes crónicas sobre el nazismo y las fatalidades que aguardaban a Europa), en los que Martínez de León coloca a su personaje “Oselito” viajando por París, Berlín, Varsovia,  Leningrado y Moscú, un auténtico choque de culturas tratado con sutil gracia e ironía que acabó dando lugar a la obra “Oselito en Rusia” editada en  1936  por  la Editorial Pueyo de Madrid. (Reedición de Almuzara en 2102).

 

 

 

La Guerra Civil sorprendió a Martínez de León en Madrid, donde continuó trabajando hasta que la merma de recursos económicos motivó su traslado a Jaén, donde colaboraría en el periódico del bando republicano “Frente Sur”,  y donde conoció a la Pasionaria a Miguel Hernández y a Pedro Garfias. El avance de las tropas franquistas motivó su traslado posterior junto a su familia a tierras extremeñas y a Valencia, donde colaboró con los periódicos de izquierdas “Frente Rojo” y “Vanguardia”, realizando en el mes de octubre de 1938, la historieta “Oselito Extranjero en su Tierra”. En estos años de dificultad convirtió a Oselito en un miliciano republicano y compuso excepcionales ilustraciones denunciando la crueldad de la Guerra Civil: aunque Martínez de León no llegó a militar en partido político alguno, siempre tuvo un claro compromiso con la libertad de expresar sus ideas y de reflejar su tiempo.

Al terminar la guerra pudo volver con su familia a Madrid, donde fue detenido y apresado por sus caricaturas sobre Franco y Queipo de Llano, siendo acusado de atacar a los principios de la causa nacional. Tiempos extremadamente difíciles en los que llegó a ser condenado a muerte, pena que se conmutó en 1942 por veinte años de prisión. El artista sobreviviría con la venta de dibujos, con el apoyo de su mujer y de numerosos amigos como Juan José Serrano. Tras el indulto concedido en diciembre de 1946, pudo ir recuperando entre Sevilla y Coria sus relaciones sociales y una amplísima producción que abarcaría desde carteles de películas, como el de la cinta  “Embrujo”, murales cerámicos como los que ya había realizado para la Plaza de España de Sevilla,  nuevas publicaciones como  “Los Amigos del Toro, El Toreo, sus Males y su Remedio por “Oselito” o la  “Historia del Real Betis Balompié” publicada con motivo del cincuentenario de la fundación de este equipo sevillano, donde el personaje de “Oselito” gritaba el conocidisímo “Viva el Betis, manquepierda”.

Fueron largos años de creación, con cierto distanciamiento de la ilustración para la prensa pero con innumerables creaciones en óleos de gran formato, con lejanos ecos impresionistas, obras que mostró periódicamente en el Círculo Mercantil de Sevilla. No se quedó aquí su creación, ya que expondría por numerosos países de Hispanoamérica.

Reconocido por su valía artística y su calidad personal, falleció en Madrid el 25 de mayo de 1978, a los 83 años, conservándose su obra en numerosos museos e instituciones de España e Hispanoamérica.

Su obra alusiva a la Semana Santa se concentró en las ilustraciones de la década de los años 20 y 30, permaneciendo para la posteridad como la imagen de los textos de Gregorio Corrochamo, de Manuel Chaves Nogales o de Antonio Núñez de Herrera, en muchas ocasiones trasladados con posterioridad a la tarjetografía postal de la época o a sus antologías.  Sus trazos rápidos y elegantes se concentraban en reflejar lo anecdótico y lo costumbrista, con especial predilección por el público que presenciaba unas cofradías cuyos pasos e imágenes son elementos secundarios. El pueblo y los nazarenos se fundían en una misma masa social divertida, festiva; de armaos y de saeteros que se tambalean por  los efectos del vino tabernario de Núñez de Herrera, de sillas que se quedan vacías por la lluvia, de eternos niños que acompañan a nazarenos que fuman cigarrillos con el antifaz levantado, de amigos del nazareno que contaban los vasos de vinos que tomaban sus compadres, de armaos que se enfrentaban a los que les ridiculizaban, de palios con “la mejor Virgen del mundo” cuyo nombre no es necesario mencionar, de banderas desplegadas y ciriales vencidos por una multitud que sabía trascender el sentido de una celebración religiosa y su sentido festivo. Contemplar los dibujos de Martínez de León es leer las crónicas de Corrochano, los artículo de Chaves Nogales o la “Teoría y Realidad” de Núñez de Herrera. Un ilustrador y pintor que estuvo por encima de las simplistas divisiones de la España que le tocó vivir y que antepuso su idea de la libertad en la creación artística y literaria. Todo un creador del siglo XX que merece el homenaje que estos días se le brinda en la exposición del Ayuntamiento de Sevilla.




Martínez de León y la Generación del 27

El Poeta Pedro Garfias y Martínez de León, 

                                                  Por  Enrique Soria Medina

 Sobre el lápiz borroso de mi memoria deambulan intuiciones reveladoras y luminosas, recuerdos de mi niñez, cuando mi madre me relataba eventos en los que Pedro Garfias era -fuera de lo anecdótico- algo más que un buen poeta, porque representaba la bohemia pueblerina y cutre en una sociedad estamental y cerrada a lo distinto. Garfias se casó con una parienta mía de estilo señoritil, e impulso rompedor con su tiempo y su clase. Mi madre, sensible al encanto interior del poeta, evocaba -en tardes de escasez y angustias inocentes-  su amistad con Garfias, del que reseñaba su fealdad y desaliño, transfigurados cuando su voz densa y acariciadora recitaba poemas de amor en la recoletas plazuelas  de mi solar ursaonés. Eran los finales de la segunda década de nuestro siglo cuando el fervor ultraísta de Garfias se fundía en su horizonte poético con el de otros renovadores sevillanos de la literatura novecentista: Guillermo de Torre, Casino Assens, Adriano del Valle, Miguel Romero Martínez y el malagueño Pedro Luis Galvez.

Después de un paréntesis de silencio, el poeta entra en una etapa, que no cedería ya nunca de compromiso político-social que le llevaría, tras la derrota de la República en 1939 al exilio del que no regresaría. En plena guerra su proselitismo ideológico y su cálido verbo serviría de testimonio enardecedor a las tropas republicanas. De esos años bélicos de dolor y esperanza quedaron unos versos recogidos en un texto "Héroes del Sur" que se publicó en Barcelona en 1938, por la editorial Nuestro Pueblo. El ilustrador del libro fue Martínez de León, que convivió con el poeta en Valencia. En un café de la ciudad del Turia se reunían con "Oselito", desde el verano de 1937, intelectuales y artistas como el músico Carlos Palacio, Pedro Garfias, Miguel Hernández, Moreno Villa y Luis Cernuda entre otros muchos.

Del libro "Héroes del Sur" hay que destacar, amén de las preciosas ilustraciones de Martínez de León, versos encendidos y apologéticos de las gestas individuales y colectivas de los hombres que lucharon en el Frente Popular.



Archivo Hispalense, 2ª.  Época, 1992 -  número 228.

Autor: Enrique Soria Medina


 

1935.- Federico García Lorca, el director del diario madrileño Ahora, Jorge Guillén, Manuel Chaves Nogales,  Joaquín Romero Murube, Antonio G. Núñez de Herrera, José María del Rey Caballero y los periodistas José Montoto, Sánchez del Arco, Arturo Otero y Fernando Risquet y Andrés Martínez de León.  


 

 

 "¡Que yo me la lleve al Río!". inspirado en el poema de Federico García Lorca, "la Casada Infiel". Martinez de León realizó esta obra como homenaje al malogrado poeta granadino, amigo personal con quien compartía largas tertulias en el Café Colonial de Madrid. Ambos eran vecinos. García Lorca vivía en el 102 de la calle Alcalá y Martínez de León en el 177.  

 

A  Martínez de León podemos considerarlo como pintor y dibujante de la Generación del 27 -al igual que a Gregorio Prieto o Manuel Ángeles Ortíz-, no sólo por su trayectoria generacional, sino por su amistad casi fraterna con, miembros de la misma, con Pedro Garfias, Alberti, García Lorca y Miguel Hernández,  al que ilustró durante la Guerra Civil un poema en un periódico mural, que colgaron sobre la fachada de la Diputación de Jaén.

Martínez de León mantenía una gran relación con Alejandro Collantes de Teran y con Joaquín Romero Murube; sus relaciones esporádicas con Jorge Guillen y Rafael Alberti y su vinculación directa con escritores de la talla de Manuel Chaves Nogales, Santiago Montoto, José Mas, los Hermanos Álvarez Quintero; José Muñoz San Roman, Adriano del Valle, Salvador Valverde o Juan Rodríguez Mateo.... Y amigo entrañable de los toreros Ignacio Sánchez Mejías, Juan Belmonte y el malogrado Joselito "El Gallo" a los que inmortalizó en sus lienzos y sus dibujos.

Amigo, ademas  del recordado Blás Infante, al que pocos saben como él me contó en el desaparecido Bar el Sport, en la sevillana calle Tetuán, en la primavera de 1973_, que el padre de la patria andaluza le encargo dibujase el escudo de Andalucía que en artística cerámica campea en el frontispicio de su antigua residencia. (Hoy Casa Museo de Blás Infante)



 

Martínez de León Dibujante del 27. Extraído de:  Separata del Boletín de Bellas Artes, 

2ª Época, número XXXIII, Sevilla , 1996,  Daniel Pineda Novo



 

                                                                        El pintor Pablo Picasso en una fotografía dedicada a Martínez de León